La Iglesia de Santa María Magdalena constituye uno de los ejemplos más sobresalientes del gótico madrileño. Aunque su estructura responde esencialmente a este estilo, su programa decorativo incorpora elementos renacentistas y barrocos, fruto de un prolongado proceso constructivo que se extiende desde comienzos del siglo XV hasta el primer cuarto del siglo XVII.
La edificación se desarrolló en distintas fases, vinculadas al impulso de relevantes figuras del arzobispado toledano, como el arzobispo Martínez Contreras, el cardenal Mendoza, el cardenal Cisneros y Alonso de Fonseca, cuyos patronazgos marcaron la evolución del templo.
Arquitectura y estructura
El edificio presenta planta basilical, articulada en tres naves, siendo la central de mayor anchura y altura que las laterales. Todas ellas se cubren con bóvedas de crucería, rasgo característico del gótico.
La cabecera, de traza poligonal, alberga la capilla mayor, flanqueada por las capillas del Evangelio y de la Epístola.
En el interior se disponen cinco capillas laterales: tres abiertas en el lado norte, integradas entre los contrafuertes exteriores, y dos en el lado sur, de cronología posterior y desvinculadas estilísticamente del diseño original. Bajo la torre se conserva, además, un espacio correspondiente a la antigua capilla bautismal.
Coro y enterramientos
El coro alto se sitúa a los pies del templo, elevado sobre tres arcos carpaneles y accesible mediante una escalinata. Incluye tribuna para el órgano, reforzando su función litúrgica y musical.
Durante siglos, y hasta la construcción del cementerio en el siglo XIX, la iglesia fue lugar de enterramiento. Esta práctica explica la presencia de numerosas lápidas de distintas épocas que cubren el pavimento. Por razones de higiene, seguridad y acondicionamiento, dichas lápidas han sido levantadas en varias ocasiones.
Portadas
Portada principal o de San Ildefonso: situada bajo la torre, presenta elementos característicos como vierteaguas, gárgolas y pináculos en las esquinas.
Portada sur o de la Resurrección: es el acceso habitual al templo.
En conjunto, el edificio constituye un referente de la arquitectura gótica madrileña entre los siglos XV y XVII, tanto por su escala como por la riqueza histórica y artística acumulada a lo largo de su dilatada construcción.


